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Estudiante de economía. Participó en el V Festival Internacional de Poesía.

Blog: Pravda

 

SIN TÍTULO
El ocaso es tan sólo una puerta cerrada,
reina puerta entre las puertas.
Abruma el frío:
el árbol es oscuro y cuelgan los cadáveres de las horas
y esos inocentes papeles con dibujos de la infancia

¿Es el sol indefectible?

El mañana es una idea demasiado antigua
es un harapo que envuelve el corazón en un invierno crudo
es un juego de dados
es el azar desnudo
es la rifa de tus huesos planos

Y la noche te revienta los labios con su sequedad de garganta muerta
y entra en las habitaciones hasta caminar sobre ella misma
y tanta oscuridad que no sabemos nuestro nombre
y tanta sombra que nos hace olvidar que estamos presos tras el color gris de las cosas
que somos el silencio que ha muerto
y tanto más ruido aun que Dios quedó callado
que la lluvia pesa tanto como un pie perdido
que de la faz de tu adorado infierno seremos la especie que muera primero
que somos la vida caduca de un ser que no ha vivido
porque siempre hay un dios que no merece vivir en los templos
y siempre los gritos hieren más que el frío
y talvez mueres
pero es como si estuvieras callado
pero es como si estuvieras dormido
 

SIN TÍTULO
Quién pensaría que no hemos hablado en seis meses
Quién negará
que somos muñecos de madera de un titiritero mudo
que decimos todo entre dientes
y que éstos se mantienen no por inercia en nuestra boca
sino por la conmiseración de no dejar sola la raíz de nuestras lenguas
y que en tanto tiempo murió la noche en el laberinto de mi espalda
que ya no nos conocemos
y nuestra conversación es una inerte plática de raíces con un silencio especulativo en la cara
es una vegetación sinuosa a los pies del mutismo de las rosas blancas
una inefable canción de gusanos en tiempos de sequía
es un grifo de cera
un quejido de humo puesto frente al espejo
es el musgoso muslo que murió el pasado invierno
seis meses que fueron la muerte de las guitarras y las olas
el resentido siseo de las hojas vencidas
Porque la soledad es un mundo de espejos que nos multiplica
una habitación llena de nosotros mismos
Y extraño el sonido ebrio de tus pies al caminar desaforadamente
y el silencio que hacen tus manos al pedir silencio
y el inmenso silencio de tus sueños que palpitan más que el trueno
y la mudez aun de los encéfalos
Porque todo es aquí como un entierro
no sirven las gargantas sino para tenerlas de floreros
Y es el sonido de un corazón como campana herida
y el pulso acostumbrado a ni existir en unas sienes olvidadas
y el grito de mis huellas
y el grito, en fin, de mis pestañas


Alberto Quiñónez
 

       

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