Uno dice neblinas, sabe sueños,
oye luces lejanas con olor de palomas en la mañana verde,
sabe platas quemadas hacia viento y caballos,
pronuncia mariposas de vidrio y lo que entiende,
lo que cree que entiende del país de su sombra
y lo poco que sabe y lo que mucho que siente,
confundiendo palabras con relámpagos negros
que germinan y escapan y no dicen y queman,
que le queman la boca, las pupilas a uno
-que es uno y los que han sido y los que vienen-,
y no saben que uno no los sabe ni un poco,
aunque nazcan de uno y de sus muertes.
Uno surge huracanes de los dedos
cuando hay lluvia en el mundo y uno llueve.
Uno sabe que saben las palabras
una vida distinta de paredes,
que ya eran sin uno,
que fueron porque uno las habitó de hélices,
y que van a quedar cuando uno,
aunque uno no quiera,
no quede.
Uno dice silencios de fuego.
Uno quiere decir y no puede.
Uno sabe el Abismo.
Eso es todo.
Uno dice y no entiende.
Eso duele.
Pero eso no importa.
Uno dice.
Eso es suficiente.
* * *
Alguien hay a lo lejos que te nombra,
que edifica con hojas tu sonido,
y te trae del tiempo en que sucedes
y despierta la luz en que dormías.
Alguien es a lo lejos de los días
que te dice y parece que cantara,
que te dice y parece que no fuera
y parece que no dijera nada.
El silencio se puebla de tu nombre.
Una ciudad nocturna enciende lámparas.
De tu nombre las cosas surgen todas,
y surge el sueño todo y las palabras.
Alguien te hace palabra y dice todo.
Todo deja de ser si alguien te calla.
Todo encuentra su muerte en tu silencio.
En tu ausencia completa todo es nada.
A lo lejos del tiempo que te envuelve
una voz te susurra y te desata.
Lleno de hojas y música es el viento.
Hay otoño a lo lejos. Alguien canta.
2006-2007
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PRÓLOGOS
No hay tales palabras
antes de las palabras.
Sólo vos.
Y el silencio.
La Luz inconjugada.
A LA ORILLA DEL VERBO CLAVEL
A la manera de Oswaldo Escobar Velado I Clavelizo los días sin ceniza,
los blancos días verdes a tu lado.
Clavelizas tu aroma, que en la brisa
del marzo-siempre-abril quedó tatuado.
La luz de tu recuerdo claveliza
el territorio azul donde el venado
es un clavel de sol y es tu sonrisa
de maple tropical clavelizado.
Clavelizamos sobre la distancia
la Patria sin orillas de la infancia.
¡Clavelizado seáis, País amado!
Clavelizan las lunas del invierno
mis latidos; y en los de mi cuaderno,
de tu nombre, el clavel es conjugado.
II Tu nombre es un clavel y es un venado
azul que cruza el bosque del recuerdo.
Azul sin tregua. Azul venadizado.
Venado clavelísimo en el viento.
Tu nombre es un venado y una Patria
de almendros y de áureos decibeles
que estremecen el bosque cuando pasas
derramando solsticios y claveles.
Derramando tus formas musicales
y ágiles y breves y boreales.
Tu pelo. Tus pupilas de milagro.
Tu nombre libre y cálido y alegre.
¡Tu nombre es un clavel venadizado
y azul, y es una Patria de claveles!
ARIA 47
No aprende aún la luz
ni a susurrar la orilla de tu nombre.
DEMOSTRACIÖN Juzgando por empíricos factores
evidentes por más, miradlo todos
por todos lados y de todos modos
posibles y probables, he, señores
y señoras, poetas y poetos,
ilustrísima audiencia aquí asistente,
hallado categórica y patente
respuesta irremisible al gran secreto:
ha sido, como ya antes decía,
y como ahora digo prosiguiendo,
muy claro para mí que la Poesía
resulta ser un búcaro con rosas
tartamudeantes. ¡Ved, estoy asiendo
sus imprecisas asas azarosas!
2005-2006
Mario Zetino.
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La Clase más brillante en Internet