| Ingeniero civil y músico.
Participó en el V Festival Internacional de Poesía de El Salvador.
Blog: Cuando la
célula explota, La pita vieja
* * *
Nuestros pies son esclavos de esta grieta,
nos llevan hacia un laberinto trémulo,
donde se avanza entre mariposas de piedra
y un calvario de hojas tibias.
El mundo nos pesa en los pies,
cada paso saca al polvo de su estado de coma,
cada paso entierra sin luto a la distancia,
cada paso perdemos el equilibrio.
Pies con estigmas dibujados.
Entre los dedos se asoma la miseria,
sus huellas son cada día más pequeñas y más lentas,
tienen grilletes engendrados en los huesos
y su marca de esclavos herrada bajo las uñas.
Pies sometidos y moldeados en arcilla.
En los tobillos guardan fraguada nuestra voz,
la dejarán salir hasta que ya no sangren,
hasta que nuestras manos se ofrezcan para andar
y los caminos dejen de ser laberintos.
* * *
Atravesado nuestro pecho con las agujas de todos los relojes
escapamos junto a una tarde cargada de naranjos,
colgados de la garganta nos llevamos los segundos
para liberarlos donde liberemos nuestra voz.
Encontramos derribado un cerco de osamentas,
no fue la fe, fueron los buitres,
se nos cae el segundo en que la tarde dejó ser a la noche
y nos sangran tanto los pies que ya no duele
y nos falta tanto para llegar que ya no sangran.
Atrás dejamos los minutos y las horas
dentro del mismo saco donde revolotea nuestro pasado,
buscamos algún lugar para liberar los segundos
porque son los miligramos del tiempo
y el tiempo un cuentagotas desesperado por callar.
Cuando lleguemos al sitio correcto
sonarán voces en lugar de campanas,
nos dejaremos crucificar en un enorme reloj de iglesia,
nuestro brazo derecho marcará las diez horas
y nuestro brazo izquierdo los diez minutos,
nuestros pies se fundirán en un sólo pie
y desprenderemos los segundos de nuestra garganta
para liberar nuestra voz
y enmudecer el tiempo.
2007
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Los pétalos caen sin revolver el polvo.
Conocen su recorrido desde antes que el viento los exilie de la flor.
En los primeros segundos una espina hiere su color.
Tiemblan mientras las hojas se aferran a la paternidad del tallo
y las abejas regresan a la maternidad de la miel.
A mitad del trayecto las hormigas rompen filas para verlos caer.
Cuando los pétalos por fin tocan el polvo,
el silencio se transforma junto con la oruga
y la nueva mariposa extiende sus oraciones entre los mirtos.
Oscurece en la flor y lloran las hojas.
Muere la miel. 2006 |