| Ingeniero. Guatemala.
Blog: Histéresis y
Escritores... a lo mejor
REVÓLVER
Una gota de sudor humedece la sien.
Vueltas, vuelta, v u e l t a. ¡Pum! Otro hueco en el techo. Llanto.
LOS JUEGOS DE PAPÁ
Julián murió. Ana no sabe qué hacer. Él jugaba con los niños a la pelota,
trabajaba, la quería y le decía desde la cama todas las mañanas que no era
digno de tan hermoso cuerpo. Ella se sonrojaba, era feliz, atendía a los
niños e iba al trabajo sólo porque Julián le inyectaba vida. Ana tiene tres
horas (desde que pusieron el último ladrillo para cerrar el nicho) de estar
sentada. Ana se pone en pie, decidida los invita a jugar a las imitaciones y
les dice que jugarán a ser Papá. Víctor, el menor, le muestra una piedra que
encontró en el fondo. Ana le dice que, si no mete la manita, va a perder, y
pone el último ladrillo.
EL DINTEL
Fue un niño normal hasta ese día. Jugaba, lloraba, comía y defecaba.
Cuando inició la mudanza ayudó con sus juguetes. El viaje fue fascinante.
Asombrado descubrió las vacas, los platanares y un avión que fumigaba.
Lo bajaron del carro. Con pasos ligeros y la curiosidad por delante, avanzó
hacia su nueva casa. A unos pasos de Él disminuyó la velocidad. Lo tomó con
sus dos manitas y pegó la oreja derecha a la madera. Meneó la cabeza y los
ojos como cuando alguien te dice un secreto. La abuela dice que se le va a
pasar, que al tío Fidencio le sucedió algo similar, sólo que fue con la pila
municipal, allá en el pueblo. Nadie sabe lo que le dice, aún le habla al
oído. No ha querido comer y se ha reído mucho con su nuevo amigo.
Pasaron ya tres semanas y ninguno logra separarlos; la abuela dice que es
cuestión de tiempo o de costumbre.
Lo que sí es cierto es que la oreja derecha le ha crecido mucho y la oreja
izquierda se le ha hecho un caracolito, quizá para no escuchar más lo que
los demás le dicen y poner más atención a lo que le susurra el dintel. |