?Sandra Aguilar
?William
Alfaro
?Moris Aldana
?Teresa Andrade
?Judith Barrientos
?Renato Buezo
?Salvador
Canjura
?Nathaly Castillo
?Herberth Cea
?Gerardo Chávez
?Ana
Escoto
?René
Figueroa
?Samia Gabriel
?Carlos Guardado
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?Roger
Guzmán
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Hernández
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?Yuleana Juárez
?Claudio López
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Mancía
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Meléndez
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Menjívar Ochoa
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Núñez Hándal
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Ochoa
?Vilma Osorio
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?Tania Pleitez
?Alberto Quiñónez
?Claudia Sánchez
?Enrique
Soria
?Georgina
Vanegas
?Santiago
Vásquez
?Mario
Zetino
AMIGOS DE CASA
TALLER LITERARIO
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Estudiante de comunicaciones.Pertenece a la
primera generación del taller de La Casa. Participó en el III y el V
Festival Internacional de Poesía de El Salvador.
DÍA II
Conozco tu dolor
y el tiempo cojea colgado de tu quijada.
El llamado es una aguja portátil
en los aparatos cura pasiones, cura soldados.
Estás sentada en una colmena
esperas un soplido
un encuentro con los padres borrosos.
El alma vaga
y el humus te cosquillea la razón
.
Hay un olor a vida
en las calles vacías
y ventanas cerradas
en los muros de los espejos.
Quieres tomar la avenida inmediata,
el autobús clandestino
hacia un viaje pavimentado de ladrillos rojos.
Das un paso y regresas.
Rompes las camisas con fuerza
y las ataduras de los lamentos más tempranos.
y vuelves al pozo que te dio la vida,
y esperas un mañana, un pedazo de pan,
un plumero para martillarte el corazón.
No pretendes ver hacia atrás.
Has dejado fachadas y portales,
cartas que no volverás a contestar .
Buscas tu casita de muñecas
y corres
para que no te vean platicar con la lluvia.
DÍA XIV
Dos veces,
dos veces más y sigue el martillo acariciando las semanas.
Dos veces y cada día pasa verde ignorando el color del pavimento.
Nunca se imaginó cómo la risa vestiría los cables telefónicos
y dos veces más traería un pañuelo para volver a llorar.
Han pasado las semanas y nadie ve hacia atrás.
Hay caminos bifurcados.
Ya nadie pasa por ahí, por temor a las pisadas de los trenes.
Ya olvide lo esencial para vivir y respirar,
y dos veces mas has tratado de recordar que vivo
en cada muralla de concreto,
en cada mirada de hueso desprovisto de pan.
Tratas de recordar, de ver y de volver a ver
como tantas veces el frío desde mis ojos,
pero mis manos ya no se mueven
y cada asiento vacío en el autobús
intenta traerme de regreso,
un par de veces más,
porque una mirada, una palabra basta para escribir
y dejó de ser tu culpa cuando dos veces me dejaste vagando,
dos veces me trajiste de vuelta,
dos veces y una más,
una tercera y seguirán creciendo las semanas,
las veces y las horas
hasta que las puertas se cierren
y podamos vernos las manos.
DÍA XXI
Veintiún días
y ahora estás en la pared
en los cinco vasos de piedra
y en los amaneceres de cortina extranjera.
Veintiún días
y la sombra está bajo la puerta,
bajo el fuego de las muñecas
en el temblor azul de las noches.
Veintiún días
y desaparecieron los jueves,
los domingos y cada viernes que me recordó la piel.
Veintiún días
y hoy el frío es esencialmente externo,
esencialmente trémulo
y el cigarro no basta,
ni la letra tatuada en la frente.
Veintiún días
y nos fuimos desdibujando, dibujando,
trazando y mordiendo la silueta de las manos,
la imaginación precoz de las calles
y la maquinaria polar de los ojos.
Veintiún días
y nos comimos el cielo morado,
el ardor en la boca
y los amaneceres largos.
Veintiún días
y nos quitamos la piel a dentelladas,
a fuerza de palabras
y frases sin sentido
Veintiún días y ya no hay murallas
que detengan los árboles en las esquinas de las casas.
DÍA XXIII
Abres un espejo
para ver que florece en las arenas de los tiempos.
Conoces la música perfecta para dormir,
para despertar
para comer
para dibujarte.
Yo ya deje de morir |
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Teresa Andrade
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